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Punta del Este 2019: cómo adoptar la cultura low cost sin sacrificar la exclusividad y el glamour

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El pronóstico es una composición de la coyuntura. Habrá menos argentinos en las playas. La ecuación es sugestiva y obedece a un contexto de devaluación y crisis económica: los turistas invertirán menos días de vacaciones, fraccionarán su estadía, gastarán menos dinero, prestarán más atención a promociones y descuentos. El deterioro del capital y la disminución del poder adquisitivo se advierte del otro lado del Río de la Plata: Punta del Este ya sabe que la temporada no será la mejor. Pero las expectativas no ceden.

Íntimamente, hoteleros y gastronómicos de la ciudad esteña saben que los que van siempre, seguirán yendo. Saben, también, que hay otro grupo que necesitan seducir y convencer: una franja de la población que perdió margen de maniobra y debió reconstruir sus hábitos de consumo. Para ellos: la cultura low cost será todo, un marco económico no común por estas tierras. La estrategia intenta no despreciar el glam y el sentido de exclusividad que califica a la península uruguaya.

Punta del Este nunca presumió de precios bajos. No lo hará tampoco en la temporada de verano 2019. Pero sí trazó un esquema tarifario contemplativo con los clientes inciertos: la flexibilidad para pagar en 12 cuotas los viajes en barco, la devolución del 22% del IVA en locales gastronómicos, catering de fiestas y casas de alquileres de autos con tarjetas de débito o crédito que se hayan emitido fuera de Uruguay, el reintegro del 10,5% en los alquileres acordados mediante inmobiliarias registradas y pagados con tarjetas extranjeras son algunas de las estrategias financieras que invitan al turista argentino.

Luis Borsari, director de Turismo de Maldonado, así lo describió: “Quiero transmitir y decirle al público argentino que acá no se van a encontrar con ninguna sorpresa. Estamos un poco más caros que otros destinos, como lo hemos estado históricamente. Pero para que la gente no sienta tanto el cimbronazo, hemos instrumentado beneficios y estímulos: además de la devolución del IVA en varios servicios gastronómicos y la exoneración del IVA en hotelería, los bancos emisores de las tarjetas coordinaron acuerdos comerciales con restaurantes con descuentos entre un 20 y un 25%. Sumado a otras promociones, estarían pagando apenas cerca del 60% del producto. Esta variable es sumamente interesante”.

El verano pasado hubo récord turístico: 1.531.746 turistas ingresaron a Uruguay en el primer trimestre del año. El 67% de los que entraron a Punta del Este fueron argentinos. Esta temporada las presunciones no son tan optimistas. Borsari imagina que los argentinos superarán el 60% del total de los turistas, pero sin alcanzar la marca histórica del último ejercicio: “La temporada anterior estuvimos curiosamente e insólitamente muy convenientes para el bolsillo de los argentinos. Vinieron los que suelen venir siempre más un plus que llegó atraído por esa conveniencia en los precios. Creo que este año ese plus no lo vamos a tener, evidentemente”.

Según un reciente informe de migraciones, del 22 al 26 de diciembre entraron a Uruguay por el puente internacional San Martín un 18% menos que durante las fiestas de 2017. Para Héctor Araujo, asesor del centro de hoteles de Punta del Este y tesorero de la cámara uruguaya de turismo, la estadística no se percibe aún: aseguró que los supermercados están colmados de gente y que reconoce tantos autos argentinos como el año pasado. “Me imagino que ese 18% menos deben ser los turistas de clase media, la gente a la que le afectó la crisis de la suba del dólar. Pero en Punta del Este tal vez no veamos ese impacto. Seguramente sientan la merma los hoteles de otros balnearios más económicos como Rocha“, analizó.

Distinguió dos factores que cambiaron en el hábito de los turistas argentinos: la duración y la previsibilidad. “Las reservas se están haciendo bien, a buen ritmo. Hace quince días te podía afirmar que había muy pocas reservas, pero a partir del 3 de enero ya tenemos muchas habitaciones contratadas. Hasta el final de la quincena vamos a estar muy bien”, adelantó.

La transformación además de ser cultural es económica. Araujo, que dijo que Punta del Este está hecha para el gusto de los argentinos y que sin los ellos “no podríamos vivir”, admitió que le interesa más la economía argentina que la uruguaya. “El argentino tiene un problema: no sabe a cuánto va a estar el dólar en 10 días. Por eso ya no hace reservas anticipadas. El año pasado se hacían hasta con 20 días de anticipación porque sabían que podían quedarse sin lugar en los hoteles”. Ya no: el promedio de la temporada pasado fue de 6,3 noches por turista. El de este año estima ser de cuatro noches de acuerdo a sus previsiones. Y ahí está el otro elemento: la segmentación del período vacacional.

“El argentino es tan fiel, se siente tan cómodo y le gusta tanto Punta del Este que no va a cambiar. Tal vez en vez de quedarse ocho días, se va a quedar cinco. Tal vez haga vacaciones divididas: algunos días en enero y otros en febrero. Pero no va a dejar de venir”, sintetizó Héctor Araujo. Según su análisis, la fragmentación de las vacaciones están sujetas a la cercanía: muchos empresarios que veranean en Punta del Este pueden volver ante un giro inesperado en el rumbo de la economía argentina.

Para el director de Turismo de la ciudad hay un incremento del siete al diez por ciento en los precios de las góndolas de los supermercados. Según el asesor hotelero los precios son los mismos e incluso bajaron: “Si un brasileño o un europeo vuelve va a ver que Punta del Este es más barato, pero si viene un argentino obvio que lo va a ver más caro por el efecto del dólar”. La discrepancia es que el 2 de enero de 2018 el dólar cotizaba en Argentina por encima de los 18 pesos. De acuerdo a sus pronósticos, la temporada será similar a la de 2016/2017 sin que registre el desborde que sucedió el último verano.

Bursari pintó el panorama parafraseando a un comerciante con el que charló en la tarde del 24 de diciembre: “Todos me comentaron más o menos lo mismo pero uno me lo describió de esta manera. Me dijo: ‘El verano pasado a esta altura del año cerraba a las dos de la mañana. Este año estoy cerrando una hora antes, con menos gente pero con una recaudación superior”.

Araujo recreó un panorama similar, con el mismo concepto, haciendo uso de las estadísticas hoteleras: “Los que tienen más reserva son los hoteles más caros. Hoy todos los complejos más costosos están con una ocupación alta y pareja. Las reservas más lentas seguramente sean las opciones más económicas, tanto de habitaciones como de hoteles”.

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