Nacho Vegas elogió a Violeta Parra: “En ella encuentro una voz y...

Nacho Vegas elogió a Violeta Parra: “En ella encuentro una voz y una personalidad únicas”

El músico asturiano Nacho Vegas lleva más de veinte años haciendo canciones, y después de lanzar un disco con 18 canciones quedó claro que todavía tiene muchas cosas que decir. Acaba de editar el disco doble Violética, donde hace un homenaje a la chilena Violeta Parra y refuerza su relación con América Latina y sus géneros musicales. En La Viola lo entrevistamos durante su paso por Buenos Aires.

Hacía casi cuatro años que no sacabas disco, desde que en 2015 escucháramos Canciones populistas. ¿Cuál ha sido el proceso que has hecho hasta llegar a Violética, que además tiene 18 canciones?

No fue muy diferente a otras veces, pero es verdad que esta vez me tomé un poco más de tiempo para grabar el disco. De hecho, para escribir las canciones, que van surgiendo de forma un poco desordenada. El año pasado estuve ocupado porque saqué un libro de poemas en España, y además tocaba en la gira de Canciones populistas, así que cuando me puse un poco a ordenar el repertorio me di cuenta de que era un bastante amplio y bastante diverso y que tenía que tener cabida en un disco largo. No era mi objetivo hacer un disco largo, porque para mí los discos son un medio para organizar un poco el repertorio, no un fin. Pero se fueron escribiendo así en estos cuatro años. Alguna canción es incluso más antigua. Eran canciones que necesitaban vivir en un disco que tuviera sus tiempos y al final por necesidad se dio este disco tan largo.

El título hace diferencia a Violeta Parra, a quién también versionas en la canción “Maldigo del alto cielo”. ¿Qué significa ella para ti?

Hace bastante tiempo que la vengo escuchando, pero en los últimos años me he adentrado más en su obra, su figura, porque hay mucha parte de su obra, sobretodo su labor como folklorista chilena, que es difícil encontrar. O por lo menos más difícil de lo que parece. Hace poco que se ordenó todo su catálogo. Yo creo que igual a raíz del centenario que hubo el año pasado se empezó a difundir un poco más su obra.

¿Qué te llamó la atención de su figura?

Una de las cosas que más me interesan de ella es la forma que tiene de manejar el idioma: cómo cambia los acentos, cómo combina el lenguaje poético con el lenguaje más popular. Tiene aquella canción, “Mazúrquica modérnica”, en la que convierte todas las palabras en esdrújulas, y por eso Violética es un guiño, convertí su nombre en esdrújula.

También interesa mucho cómo ella tiene siempre una mirada puesta en la tradición. De hecho, en realidad su misión era ser una folclorista que recuperara canciones tradicionales para devolvérselas al pueblo una vez reconstruidas. Ella decía “yo agarro canciones de retazos y las coso como si fuera una costurera para luego devolvérselas al pueblo, que es a quien le pertenecen”. Haciendo ese trabajo fue escribiendo sus propias canciones, canciones que no solo venían del folclore, sino que también tenían un toque muy vanguardista. Piezas como “El Gavilán” fueron estudiadas como piezas cultas por la música dodecafónica. Y sus últimas canciones me parece que tanto musical como líricamente son canciones que nos han influido en muchas relaciones posteriores. Son temas en los que encuentro una voz y una personalidad única, algo que no encuentro en nadie. Sentí algo parecido adentrándome en Violeta Parra que cuando indagué y me fasciné con Bob Dylan. Quería que en mi disco, salvando todas las distancias por supuesto, estuviera presente este contraste entre la tradición y la modernidad. También quería que hubiera una mirada al folk y otra al rock de vanguardia, y como eso es algo que está muy presente en la obra de Violeta Parra, le añadí esos guiños tanto en el título como en la versión.

¿Cuál es tu conexión con América Latina? En el disco hasta te atreves con una cumbia, ese “Todos contra el cielo”.

En la última década más o menos tuve la oportunidad de viajar mucho por América Latina, y siempre que vengo aquí intento volver con algún disco para escuchar, sobretodo de música folclórica de cada país para así aprender un poco de cada sitio. Y además me di cuenta de que lo que tienen en común prácticamente todos los países que conozco de América Latina es la cumbia. Es verdad que es muy diferente la cumbia sonidera y la cumbia de México de la cumbia tradicional de Colombia o de la cumbia villera que se hace en Argentina, son muy diferentes, pero me interesa mucho como fenómeno geotransversal. Y soy muy fan de las Cumbia Girls. Pero claro, si no hubiera tenido oportunidad de pasar tiempo aquí por mi oficio, no me hubiera atrevido con una cumbia.

Empezaste como cantautor y te adentraste en géneros como el rock, pero poco a poco te has ido acercando a estos géneros más populares como son el folk asturiano o la cumbia mismo. ¿Cómo has hecho el proceso?

Si que he hecho ese proceso, y de hecho creo que mis compañeros de generación todos hacemos de alguna manera ese camino. Empezamos escuchando música contemporánea y luego… De hecho, incluso con Violeta Parra pasó. Cuando leía su biografía me extrañaba porque me parecía que había muy poca obra suya, aunque murió prematuramente, para los años en los que había tocado. Pro es que ella hasta los 30 años o así se dedicaba a tocar música que estaba de moda en ese momento, que eran boleros y demás, y ella tenía la percepción que esa no era la música auténtica de Chile, la que ella recordaba haber escuchado de pequeña. Entonces fue cuando empezó a investigar, se fue a los pueblos…

Por tanto también, otra vez salvando todas las distancias, creo que lo que nos ocurre a la gente de mi generación es que empezamos escuchando música con referentes muy contemporáneos, anglosajones sobretodo, y poco a poco vas ampliando el campo de miras y tirando del hilo y ves no sólo los folclores a los que pertenece esa música, sino que acabas mirando a tu tierra. Del mismo modo que yo fui poniendo la mirada en Asturias y el cancionero popular asturiano, en España Los Planetas lo han hecho con el flamenco y en Cataluña hay también bastantes grupos que tienen en cuenta su tradición… Es algo que es muy natural.

Además del propio homenaje a Parra, el álbum colaboran muchas mujeres: Christina Rosenvinge como ya es habitual, también Maria Rodés y Cristina Martínez de El Columpio Asesino. ¿Por qué las buscaste a ellas?

No fue una cosa muy planeada que fueran todo colaboraciones de mujeres, te lo digo porque me han preguntado mucho si el disco tiene una parte femenina especialmente marcada. Es verdad que puede ser que inconscientemente yo en los últimos años he tratado de desmasculinizar un poco mi entorno de trabajo, porque siempre he estado rodeado de hombres y está bien ahora que la cosa haya cambiado un poco. No a nivel de los discos y conciertos (donde viene el coro, que son mayoría mujeres) o las colaboraciones, sino también en la propia oficina son más mujeres que hombres. Aunque a lo mejor había algo inconsciente, cada colaboración salió de forma espontánea.

En realidad fue con Christina Rosenvinge con quien empecé a escuchar a Violeta Parra, porque ella venía de tocar en Chile y un día estábamos de viaje en el coche cuando me puso dos discos, y esa fue la primera vez que escuché atentamente a Violeta Parra. Conocía las canciones más famosas, pero había escuchado las más folklóricas y me quedé muy impactado. Me sorprendió por su forma de rasguear y la forma que tenía de cantar, esa voz tan áspera. Entonces cuando ya me adentré un poco más en su obra se lo dije a Christina, porque lo naturalera que cantara conmigo, y le apeteció mucho.

Con Cristina Martínez buscaba un personaje femenino empoderado cuando empecé a escribir “La última atrocidad” y quería a alguien que no solo la cantara sino que lo interpretara bien. Cuando la empecé a escribir tenía solo unos versos, y luego ya se lo propuse y la acabé pensando en ella. Luego, con María Rodés compartimos oficina, y ella me encanta, tiene una voz maravillosa. Era justo lo que le faltaba a “Ser árbol”.

De nuevo, como suele pasar en tus discos, hay muchas canciones que tienen un punto de denuncia. ¿Querías plasmar la realidad española?

Ahora mismo estamos en un mal momento, porque cuando el Estado ve que se le cuestiona saca su cara su cara más oscura, más siniestra y más represora y lo hace con la gente que le cuestiona desde la izquierda, o ahora recientemente lo ha hecho con el soberanismo catalán. En Cataluña la gente que está en la cárcel son presos políticos, no se les puede llamar de otra manera. También se están persiguiendo a activistas, se intenta censurar a músicos como a Valtònyc, Pablo Hasél o La Insurgencia, o recientemente a Evaristo de La Polla Records. Puede ser cualquiera.

Lo bueno de esto es que los músicos no hemos tenido excesiva tradición de asociacionismo entre nosotros, y ahora a raíz de todo lo que está pasando está haciendo que haya iniciativas. Por ejemplo la escena del rap y el hip hop ha sido siempre una escena poco cohesionada, donde había poco compañerismo, porque es una escena con muchos egos. Pero a raíz de todo lo que ha pasado, con una iniciativa del rapero Pau Llonch hicieron una canción a la que se unieron un montón de raperos y raperas llamada “Los borbones son unos ladrones” y me pareció muy bonito. Igual que los conciertos que organizó la plataforma ‘No callarem’.

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