Daniel Osvaldo: «Guillermo me quería verduguear»

Daniel Osvaldo: «Guillermo me quería verduguear»

El delantero de Banfield afirmó en TNT Sports que «nunca» tuvo una buena relación con su ex entrenador y que lo del cigarrillo «solo fue una excusa». Vía Instagram Live junto a Florencia Maignon, sostuvo que De Rossi «hacía un montón» que quería venir a Boca, recordó la noche del gas pimienta y habló de su futuro en el fútbol.

«Me retiré a los 30, extrañaba un poco las canchas. Pero si me dicen de seguir hasta los 40, ¡no me veo ni loco! No planifico mucho, voy yendo a los golpes. Este parate no me juega muy a favor. Ahora me volví a conectar con la música y extraño los escenarios».

«¡Obviamente, si me llama Román le digo que sí!, ¿cómo le decís que no? Pero me concentro en Banfield y en intentar seguir jugando en acá con continuidad. Lamentablemente me lesioné y es muy difícil del bocho, porque cuando le cuerpo empieza a tirar señales como diciendo ‘mirá que no era tan fácil’, se bajonea. Pero estos son pensamientos negativos en medio de la lesión. Ahora estaba a punto de volver. Hay que ser fuerte de la cabeza y yo no lo soy».

«La vez que me saludé con (Marcelo) Gallardo después del partido me dijo ‘bienvenido al futbol argentino’. Eso me puso bien. Yo lo felicité: más allá de la rivalidad, tengo mucha admiración por su trabajo, por cómo juega River. ¡La verdad es que juega bárbaro! Para mí es el mejor técnico de la historia de River junto con Ramón (Díaz). ¡Me encantaría que me llamara! Más allá del chicaneo, de las tonterías que son para reírme un rato».

«Viví el campeonato con muchos nervios. Algo me decía que era para Boca. Por un lado, me preguntaba cómo harían estos tipos (River) para perder puntos. Pero por otro, después del partido con Banfield ya no eran contundentes las victorias. Era un pensamiento de hincha. Y eso es lo hermoso del fútbol: uno piensa que por ahí River ya lo tenía ganado y al final sorprendimos».

«La noche del gas pimienta fue lo peor que viví, pero porque me daba bronca. Pensaba cómo puede ser que pierda un partido porque un salame tira gas pimienta en la cara de los jugadores y pagamos todos. No lo podía entender. Prefiero perder 4 a 0. Fue una decepción tremenda».

«El cigarrillo fue una excusa muy pobre para irme de Boca. Si no querés a alguien -sobre todo a alguien que tiene una carrera, por respeto, no tenía 19 años y me podía bastardear-, te sentás conmigo, me decís que no me querés y estamos todos contentos».

«Con Guillermo (Barros Schelotto) nunca tuve buena relación. De movida sentí que me provocaba. Nunca me llevé bien. Yo me había quebrado el dedo chiquito del pie y había jugado infiltrado en la Copa Argentina. Cuando vino Guillermo estaba lesionado, no me quería infiltrar más para jugar y tardé un montón porque me dolía. Entonces empezó a especular con que yo no tenía nada, que me hacía el lesionado. Cosas feas. Que encima no me las decía a mí, sino al médico. Hay que tener poco valor para hacer las cosas así».

«(Guillermo) Me quería verduguear, pero no le alcanzó. Un día se puso a hablar conmigo y me dijo que tenía que sacar a ese jugador que fui en Europa. Arrancó bien la charla. Pero me dijo ‘por algo habrás jugado en Europa’. Como diciendo ‘no sé cómo jugaste unos años en Europa’. Sí ¿y vos cuántos años jugaste? ¿Cuántos partidos tenés en la selección? Parecía que estaba hablando con Pep Guardiola».

«Hacía un montón que (Daniele) De Rossi quería venir a Boca. En la Roma me jodía, venía a ver los partidos a mi casa. Mirábamos un partido con Aldosivi por la Copa Argentina -que allá te lo pasan a las 3 y media de la mañana-, y yo le decía ‘Daniele, a este partido no lo miremos, vamos a dormir’. Pero él quería ver todo. Me sorprendió, no pensé que iba a venir. Y se quedó con ganas de seguir, por cuestiones personales se tuvo que ir».

«En la Selección hice 6 o 7 goles por eliminatorias. Era titular, me daban la 10. Pero me dejó afuera mi amigo (Césare) Prandelli. Empezaron a decir que yo era argentino, que había que llevar a (Antonio) Cassano y me limpió. Lo peor es que me enteré por el diario, no me llamó. Después del mundial me habló para ir al Galatasaray con él. ¡Ni por 50 millones de dólares!».

«Si no fuese por el Gringo Heinze quizás no hubiese ido a la Selección de Italia. Íbamos en el auto y me llamaron para convocarme. Me quedé helado. ‘Lo tengo que pensar, te llamo mañana’, dije. ‘No, qué mañana, en cinco minutos. Si no, llamo a otro’. El Gringo me preguntó qué me pasa. Le respondí que me llamaron de la selección italiana. ‘Qué bueno, le dijiste que sí, ¿no?’, me dice. Y le contesto que tengo una esperanza de que me llamen de la selección argentina. Entonces me dice: ‘¿Cuántas veces te llamaron de la selección argentina? Nunca’. Y me convenció».

«Me gustan los volantes que arriesgan el pase hacia adelante. Como Fernando Gago. ¡Dámelo siempre! Porque volantes que juegan con pases a los costados, así juego hasta los 73 años. Gago recibe y lo primero que hace es mirar al ‘9’. Por algo lo quería Messi».

«Yo le hice un caño a Messi. No fue limpio, pero entró. Era un amistoso que jugamos con la Fiorentina. El Barcelona estaba con la camiseta amarilla. Cada vez que la tocaba, la gente aplaudía de pie. ¿Sabés qué hizo? La recuperó y me tiró el caño a mí».

«No soy de darle bola a lo material. Tengo un montón de discos y de libros, que son mucho más interesantes que tener una pelota».

«Si esto termina rápido voy a seguir jugando. Y si no, agarraré la guitarrita otra vez».

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